Los criptoactivos, popularmente conocidos criptomonedas, no han dado marcha atrás con su evolución. Bitcoin recién cumplió 11 años de existencia y parece que seguirá cumpliendo muchos años más a menos que, de pronto, todas las computadoras del mundo con el servidor de bitcoin se apagaran.
Un criptoactivo, como bitcoin, es un activo intangible que se obtiene como una recompensa por un trabajo que realizan los usuarios a través de sus computadoras que consiste en verificar transacciones que se realizan con dicho criptoactivo. En palabras más coloquiales, existe un software que es libre, por ejemplo, el de bitcoin el cuál puede descargarse para que la computadora comience a trabajar aportando su poder de cómputo a la red, con la esperanza de obtener una parte de bitcoin. En un inicio, los primeros bitcoins se podían obtener con una computadora ordinaria, sin embargo, en la actualidad, el nivel de transacciones que se realiza en el mundo por minuto, hace que esto sea prácticamente imposible con una sola computadora, de hecho, existen empresas que se dedican exclusivamente esta actividad y cuentan con miles de ordenadores con mucha capacidad de cómputo los cuáles trabajan las 24 horas del día (ver granjas de minería).
Como ya sabemos, bitcoin es el primer criptoactivo que surgió con la tecnología blockchain, posteriormente se crearon otro tipo de criptoactivos los cuales tuvieron como principal función obtener recursos para desarrollar proyectos a través de Ofertas Iniciales de Moneda (ICO por sus siglas en inglés). Los primeros casos como Ether, EOS, IOTA resultaron bastante exitosos captando USD $10 millones en 42 días, USD $185 millones en 5 días y $400,000 millones USD en el segundo semestre de 2015, respectivamente.
El modelo ICO resultó atractivo por la facilidad con que se pudo obtener grandes cantidades de dinero; sin embargo, el abuso de dichos lanzamientos terminó por crear una curva de descenso en este esquema dando pie a otros modelos de financiamiento como los “tokens de valor” o Security Token Offering (STO) que consisten en la emisión de un token el cuál se encuentra respaldado por un activo real como oro o una propiedad; y, finalmente, otro destacado modelo de financiamiento en el de tokens de capital o Equity Token Offering, los cuales representan una parte de la empresa y otorgan un derecho a los tenedores, el procedimiento y los beneficios posibles hacia los inversionistas son los mismos que en una bolsa de valores tradicional, por ejemplo, los criterios legales y el pago de dividendos.
La importancia de los criptoactivos en la actualidad se fundamenta principalmente en que existe ya un conocimiento más amplio sobre su funcionamiento lo que permite conocer de manera más certera la forma en la cual podemos utilizarlos, por ejemplo, si queremos utilizarlos como forma de pago en algún lugar o incluso, si deseamos desarrollar algún criptoactivo como mecanismo de financiamiento. En países como Estados Unidos, diferentes instituciones como el Comercio de Futuros de Productos Básicos (CFTC), la Red de Ejecución de Delitos Financieros (FinCEN) y la Comisión de Bolsa y Valores (SEC), cuentan posturas cada vez más sólidas sobre la forma en que pueden negociarse con este tipo de activos. De hecho, organismos internacionales como Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI), una institución intergubernamental que se encarga de diseñar políticas para combatir el blanqueo de capitales y el financiamiento al terrorismo, ha emitido recomendaciones bastante estrictas hacia las empresas que operen con criptoactivos para los países que formen parte de dicho grupo, entre ellos, México.
Si bien es cierto, muchos consideran que los criptoactivos son un mecanismo descentralizado, vale la pena aclarar que, al día de hoy, existen muchos mecanismos de identificación que van desde el conocimiento de sus creadores como el proyecto Ethereum de Vitalik Buterin o EOS de Dan Larimer, hasta las exchanges más importantes en el mundo como Binance de Changpeng Zhao & Yi He o Kraken de Payward, Inc., por lo que no resulta difícil para los gobiernos, dar un seguimiento sobre sus actividades y estar bajo la lupa de las autoridades.
Como usuarios, el primer paso para comenzar a utilizar criptoactivos es tener claro por qué queremos hacerlo. La respuesta más probable es como forma de inversión a partir de las variaciones con las que cuenta, en caso de ser así, la primera recomendación es hacerlo a través de un intercambio o criptoexchange regulado o reconocido, aquí en México la que cuenta con mayores controles de seguridad y la única que solicitó autorización para continuar con operaciones ante las autoridades mexicanas, es Bitso. Una segunda recomendación, es no dejarse asesorar por personas que no cuenten con la experiencia o reconocimiento adecuado, para ello, siempre es necesario conocer la trayectoria del asesor y validar dicha información; asimismo, es necesario no sólo contar con una sola opinión. Finalmente, la tercera recomendación si se quiere adquirir algún criptoactivo con fines de inversión, es comenzar con una cantidad pequeña la cual no perjudique el capital con el que contemos, esto es con el objetivo de comenzar a familiarizarnos con la forma en la que operan.
En caso de que se deseen utilizar criptoactivos como forma de pago en una empresa, es necesario revisar los estándares contables para atender todo lo relacionado en materia de impuestos, esto debido a que la Unidad de Inteligencia Financiera, en el segundo semestre de 2019, emitió disposiciones oficiales para poder operar con criptoactivos estableciendo montos específicos de operación.
Por último, si alguien desea crear un criptoactivo para buscar financiamiento, es necesario definir de manera correcta qué función tendrá y el mercado hacia el que está dirigido ya que, en algunos casos pueden considerarse como ofertas públicas las cuáles se consideran ilegales bajo ciertas regulaciones.
Publicado originalmente en Fortune México, enero de 2020.